Hoy no, hoy me jodas que hace un calor que no te explico. No nos toquemos, no nos miremos y hablemos poco. Tuve un cumpleaños. Me quemaron el cerebro, mucha charla, muchos gritos, nadie se escucha y hablan todos uno encima del otro. Todos tienen razón, nadie se pone de acuerdo. Conversaciones triviales, o no tanto, política, viajes, vivir en el exterior, primero mundo, cuarto mundo, ser inmigrante, la plata, la sociedad, la copa Davis, igual discuten y cuando se toca un tema candente alguien vira para otro lado.
Una madre sobreprotectora y un hijo que crece pero no tanto. Un señor que habla demasiado, con tono fuerte, parece que grita, siempre mete bocado, no se queda afuera de ningún debate. Familiares ausentes, pasa, siempre pasa, están esos que no se hablan, esos que no pueden estar si está ese otro. Hijas a la defensiva y una madre víctima.
Yo observo, quiero participar, pero no puedo, me canzo. Entonces escucho en silencio. Que loco como las generaciones se repiten, como una hija critica a su madre lo que después sus hijas le critican a ella. La raza va mejorando, creo, pero hay ciertos rasgos de carácter que se maman, y son insalvables. Igual esto de las madres y las hijas viene de antaño. El eterno reproche a la madre, la competencia, la rivalidad entre ellas. No hay retorno, es así, siempre va a ser así. Con más o con menos ira, algunos pocos o más reclamos, pero la relación madre e hija funciona un poco de esa forma. Por ahí es de esa forma que nos queremos. Los hombres, (perdonenme mujeres), los hombres son distintos, sabemos, son un poco más simples, los hay complicados también, pero creo que nunca tanto.
En fin, observaciones no más, lo único positivo; me dijeron que iba a tener mucho trabajo, espero no se equivoquen.
lunes, diciembre 08, 2008
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